Este es el examen final de las navajas de Occam y Hanlon. Lo reúne todo: qué dice de verdad la navaja de Occam (Occam’s razor) (y las dos cosas que la gente malinterpreta), la aritmética de por qué ganan las explicaciones con menos suposiciones, la “incompetencia antes que malicia” de Hanlon y los sesgos que corrige y —lo más importante— exactamente dónde te miente cada navaja. Tomaos vuestro tiempo. Unas cuantas preguntas parecen fáciles hasta que ves la trampa.
Cómo funciona este examen
Leed con atención: este examen es definitivo. Cada pregunta aparece de una en una. Una vez que envías una respuesta queda bloqueada para siempre: no hay vuelta atrás, ni reintentos, ni reinicio. Tu puntuación permanece oculta hasta el final, donde verás un veredicto de aprobado/suspenso. El aprobado está en el 70%. Algunas preguntas te piden seleccionar todas las respuestas correctas.
¿Qué te dice en realidad que hagas la navaja de Occam (Occam's razor)?
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Repaso del curso
Visión de conjunto
Las dos navajas, en una sola imagen
- Las navajas de Occam y Hanlon
- La navaja de Occam
- Entre explicaciones que encajan igual de bien, gana la de menos suposiciones
- Más sencilla, no la más sencilla a toda costa
- Por qué ganan las de menos suposiciones
- Las suposiciones se multiplican: 0.7 × 0.7 × 0.7 ≈ 0.34
- Más piezas móviles → más maneras de equivocarse
- La navaja de Hanlon
- La incompetencia antes que la malicia
- Occam apuntando a los motivos humanos
- Corrige el error fundamental de atribución
- Cuándo mienten las navajas
- Occam recorta de más en sistemas complejos (dictamen de Hickam)
- Hanlon excusa un daño con patrón e interesado
- Pondera por lo que está en juego; una navaja es un prior, no una prueba
- La navaja de Occam
Ideas clave
Una navaja es una regla de oro que recorta las explicaciones improbables para darte una primera apuesta inteligente: un prior, nunca una prueba. La navaja de Occam prefiere la explicación que encaja con los hechos usando menos suposiciones, y la aritmética la respalda: las suposiciones independientes se multiplican, así que cada una extra solo puede arrastrar la probabilidad conjunta hacia abajo. La navaja de Hanlon es Occam apuntando a las personas: tira de la incompetencia antes que de la malicia, porque una metedura de pata no necesita ningún plan mientras que una conspiración necesita intención, competencia y coordinación, todo a la vez. Pero ambas navajas mienten cuando confías en ellas a ciegas: Occam recorta de más en situaciones genuinamente complejas (recuerda el dictamen de Hickam), y Hanlon excusa un daño con patrón, unidireccional e interesado. Empuña cada una como una apuesta de partida que pones a prueba de forma activa, actualizas con la evidencia y en la que te apoyas menos a medida que sube lo que está en juego. Usadas así, las navajas te hacen más rápido y menos equivocado; usadas como veredictos, no son más que una venda en los ojos que tú mismo has afilado.